Thursday, February 4, 2010

Por qué reducir el salario mínimo es una muy buena idea

Publicado por Gusilcan
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Esta es una traducción que hice de una columna mía que apareció originalmente en Colombia Reports y que ahora fue publicada en El Certamen, una revista virtual sobre política, economía y cultura editada por Daniel Raisbeck

En Colombia, el final del año siempre marca el inicio de un evento interesante. No, no es la Navidad, y si pensaron que era el Día de los Inocentes también se equivocan. El interesante evento al cual me refiero, y que ocurre cada año de manera casi ritual, es el de las negociaciones del salario mínimo.

El evento sucede de la siguiente manera: Con el fin de definir el salario mínimo que regirá al año siguiente, algunos oficiales del gobierno, los líderes de los sindicatos de trabajadores, y los representantes de los empresarios se reúnen en el palacio presidencial. Los sindicalistas comienzan exigiendo un aumento del salario mínimo del 10%, más o menos algunos puntos porcentuales. A esto, los empresarios responden que las demandas de los trabajadores son simplemente irrealizables. Un aumento de 10% en costos laborales significaría que tendrían que despedir gente. Las negociaciones continúan por unos días sin que ninguna de las dos partes ceda en sus posturas. Sin consenso a la vista, el gobierno procede a fijar el nuevo salario mínimo por decreto, con un incremento que usualmente se acerca al que proponen los empresarios aunque algunos puntos por encima para guardar las apariencias.

El ritual se repite año con año, y rara vez hay excepciones. Una complicación extra que se suma a las negociaciones es que una sentencia de la Corte Constitucional exige que el incremento al salario mínimo nunca sea menor al de la inflación. Como en 2009 la recesión hizo bajar los precios, la inflación fue del 2,03%, la más baja en 54 años. Con esto en mente, los empresarios indicaban en diciembre que un aumento del salario mínimo de 3.5% era justo para 2010, mientras que los sindicalistas no se iban a contentar con un aumento menor a 8%. Los trabajadores sostienen que un aumento significativo del salario mínimo sobre la inflación estimularía la demanda agregada y ayudaría a restablecer el crecimiento económico. Los empresarios creen que ésa es una idea descabellada, afirmando que lo último que necesita la industria nacional es un aumento en su nómina, máxime cuando las relaciones comerciales con Venezuela siguen por el piso.

¿Qué hacer? ¿Quién tiene la razón? Sin duda, estas negociaciones son la mejor muestra de la guerra de clases. Pobres contra ricos. Los trabajadores menesterosos luchando contra los avaros capitalistas, exigiendo lo que por derecho les pertenece. Francamente, me molesta el corporativismo que exuda toda esta situación. Mi anhelo de una Colombia con una economía de libre mercado dista mucho de esta imagen del gobierno, los sindicatos y los empresarios, todos sentados en la misma mesa buscando una manera armoniosa de distribuir recursos.

Pero hay que trabajar con lo que se tiene, y el gobierno en todo caso terminó decretando un aumento salarial de 3,64% para 2010. Ésta fue una decisión razonable, pues un incremento mayor habría aumentado el número de desempleados y expandido la de por sí enorme economía informal. Sin embargo, el gobierno debería preocuparse también por disminuir el desempleo y la informalidad, y no simplemente por evitar su crecimiento. Y es precisamente por eso que se debe tomar una medida mucho más valiente y atrevida: crear una versión paralela, flexible y más barata del salario mínimo, totalmente diferente del rígido y costoso esquema actual.

¿Confundidos? Permítanme explicarme. En 2009, el salario mínimo mensual en Colombia fue de 496 mil pesos. Adicional a eso, los empleadores deben pagar a cada empleado un subsidio de transporte de 59.300 pesos. Ése es el dinero que los trabajadores reciben en efectivo mensualmente. Sin embargo, tras bambalinas los empleadores están obligados por ley a pagar 12% del salario para fondos de pensiones, 8.5% para salud, 10.4% para cesantías, 9% para los parafiscales del Bienestar Familiar, el SENA y las Cajas de Compensación, y la lista no termina allí. El resultado es que el costo mínimo por trabajador en Colombia en 2009 era de 872 mil pesos en total, a pesar de que el empleado sólo ve una fracción de esa suma.

Hay quienes piensan que no hay ningún problema con el hecho de que los empleadores deban pagar una suma tal por cada empleado. Sin embargo, la realidad es más compleja: en Colombia 4,5 millones de personas ganan el salario mínimo, pero hay otros 8 millones que tienen un ingreso menor. Estos 8 millones son las personas que trabajan en el sector informal de la economía, aquéllos sin contratos formales ni seguridad social. Al hacer que el trabajo de estas personas sea excesivamente costoso, el salario mínimo termina cerrándoles las puertas de la economía formal por decreto. Simplemente para los empleadores no es rentable gastar 872 mil pesos en algunos empleados, especialmente en un país con abundante mano de obra no calificada como Colombia. Al incrementar el precio del trabajo, el salario mínimo termina beneficiando a aquéllos que lo reciben, pero a costa del resto de los trabajadores que se quedan sin empleo por motivo del oneroso valor que el gobierno le pone a sus habilidades.

Pero antes de que me llamen esnob por decir que un salario de 872 mil pesos es muy alto, lean esto: Colombia tiene el salario mínimo más costoso en comparación con su ingreso per cápita, como aparece en la gráfica. Esto significa que es relativamente más caro contratar trabajadores en Colombia que en los demás países de Suramérica. A buen entendedor pocas palabras, no es coincidencia que Colombia tenga la tasa de desempleo más alta de la región. Tomen otro ejemplo: si en los Estados Unidos el ratio de salario mínimo a ingreso per cápita fuera igual al de Colombia, un trabajador estadounidense ganaría un salario mínimo de 2.500 dólares mensuales, y no los 1.392 que en realidad devenga (trabajando 8 horas al día, 6 días a la semana por los 7.25 dólares/hora que ordena el gobierno federal). Sin duda, el salario mínimo en Colombia es excesivamente alto para el tamaño de su economía.

Es verdad que 872 mil pesos por mes son insuficientes para tener ‘una vida digna’ en Colombia –en eso concuerdo con los sindicatos. Pero aumentar el salario mínimo a niveles incluso más altos sólo producirá más desempleo y pondrá más gente en oficios informales peor pagados. Si la pobreza pudiera erradicarse simplemente ordenando que las empresas pagaran salarios más altos, créanme que esto del desarrollo económico no tendría ninguna ciencia, y que todas las naciones del mundo ya lo habrían hecho. Así que lo que el gobierno colombiano debe hacer ahora es sacar cientos de miles de la informalidad, creando un salario mínimo especial más bajo. Es probable que un sueldo así no sea mucho, pero ciertamente será mejor que los 10 mil pesos diarios que muchos colombianos ganan –y ésos no son los más pobres. Al liberalizar el mercado laboral y flexibilizar el salario mínimo, aparecerán nuevos trabajos formales para la mano de obra pobre no calificada. Con el tiempo, la tasa de desempleo descenderá a niveles suramericanos normales (que todavía son terriblemente altos).

De cualquier modo, es poco probable que alguien considere esta opción en futuras negociaciones del salario mínimo. El ritual cada año seguirá como hasta ahora, y desafortunadamente, también lo hará el desempleo.

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