
Colombia vive su propia crisis financiera --muy a la colombiana. Mientras en Wall Street se preocupan por el efecto de las hipotecas subprime y los credit-default swaps, en muchas pequeñas y grandes ciudades de Colombia también hay miles de personas que están pasando por la misma incertidumbre de no saber qué va a pasar con sus inversiones. Pero lo que está ocurriendo en Wall Street tiene muy poca importancia para el caso colombiano; en chibcha el problema se llama "pirámides", o instituciones que recaudan masivamente dinero del público con promesas de pago de dividendos astronómicos.
Desde hace años, miles de colombianos vienen depositando sus ahorros en las pirámides, que les prometen rendimientos de hasta el 300% en plazos de meses o años. Muchas de esas instituciones, de nombre grandilocuente y gracioso (Dinero Rápido Fácil y Efectivo, DMG inversiones, etc) operan en garajes y en oficinas de centros comerciales baratos. Algunas están constituidas legalmente; otras no. El problema es que las miles de personas que creyeron en las promesas de las pirámides les han entregado 2 billones de pesos a esas instituciones. Para hacerse una idea, basta con saber que 2 billones es una cifra de doce ceros (!) Hoy, una gran parte de estos inversionistas aventureros se encuentran estafados: los guardianes de su dinero, en vez de multiplicarlo, se volaron con él.
En Pasto, capital de Nariño y uno de los focos del fenómeno, un hombre ya fue asesinado por una turba iracunda que reclamaba sus ahorros. También hay toque de queda en varias ciudades para impedir disturbios y las aglomeraciones en frente de las oficinas de las pirámides se han vuelto comunes. De la noche a la mañana, las oficinas cierran y sus representantes desaparecen. Nadie responde. Algunos de los afectados lo habían puesto todo en las mágicas pirámides: dinero para tratamientos médicos, el fruto de la venta de sus propiedades, ahorros de toda la vida... La desesperación ha reemplazado la alegría en sus rostros. Los estafados reclaman justicia y la devolución de su dinero.
Sin embargo, hay otros inversionistas que están viviendo el sueño de la multiplicación fácil del dinero. A muchos, el negocio de las pirámides les ha funcionado muy bien y defienden a las instituciones a capa y espada. "Esta es una institución seria" respondía una mujer a un reportero mientras hacía fila frente a una oficina de una pirámide. Hasta ahora, según ella, le habían pagado sus dividendos de manera cumplida y estaba muy agradecida por ello. DMG, una de las pirámides, parece tener un gran respaldo de sus clientes, quienes se hacen llamar parte de "la gran familia DMG". Aparentemente, la empresa le pertenece a un hombre de 28 años que saltó de la pobreza a la prosperidad en un parpadear. Según un video publicitario, DMG tiene empresas en países como Argentina y Ecuador, y dicen estar comprometidos con "el desarrollo" de Colombia.
Y si por un lado hay estafados y por el otro inversionistas fascinados con la aparente realidad del dinero fácil, en una tercera esquina está el Estado que no sabe cómo responder ante la calamidad. La Fiscalía y el Gobierno se están pasando la pelota de la culpa. La Superintendencia Financiera, la entidad que regula el sistema financiero colombiano, apenas está comenzando a tomar cartas en el asunto, ordenando el cierre de una pirámide y el mayor seguimiento a los libros contables de otras. Muchos se preguntan, y con toda razón, si las pirámides que sí llegan a pagar dividendos tan altos están relacionadas con el narcotráfico para lavar sus dineros. El comandante de la Policía Nacional, General Oscar Naranjo, dijo que le pedirá ayuda a la Drug Enforcement Administration para salir de la duda. Por ahora, sin embargo, lo que impera es el caos y la incertidumbre de miles de colombianos. ¿Qué hacer?
Primero, hay que ser claros: las miles de personas que decidieron invertir su dinero en las pirámides lo hicieron por voluntad propia, dejándose persuadir por las promesas de riqueza fácil y libre de riesgo. Nadie debe asumir la responsabilidad por sus propias acciones ingenuas e insensatas. Es una lástima que unos pillos se hayan aprovechado de una población económicamente iletrada para robarles su dinero, pero en el mundo real nadie ofrece dividendos del 150% o el 300% -- es simplemente ilógico, y la simple promesa debería ser suficiente para levantar sospechas. El tema de las pirámides ha aparecido en los medios de comunicación desde hace dos años, y muchos depositaron sus ahorros allí a sabiendas de que había casos de estafa. Por muy lamentable que sea la situación de los miles de afectados, nadie debe esperar que ahora se les repare la plata perdida con dineros del contribuyente.
Ahora bien, la prioridad debe ser la captura de todos aquéllos que se han robado el dinero y, en la medida de lo posible, hay que coartarlos para que regresen el dinero. Será una batalla larga que posiblemente nunca tendrá éxito total. Verificar las denuncias de cada uno de los estafados será un proceso tedioso. Sin duda, habrá muchos afectados que jamás volverán a saber de su plata. Sin embargo, el gobierno central y los gobiernos departamentales no deben esperar un momento más para solucionar el problema y los ladrones deben responder. El Presidente Uribe ya anunció que se decretará la captura de todos aquéllos dueños de pirámides que no devuelvan el dinero en el plazo de una semana. Aunque la medida presidencial es por fin una respuesta a la crisis, tiene pinta de no ser más que una acción simbólica para apaciguar los ánimos --falta ver si alguien en verdad sí irá a la cárcel o si se devuelve el dinero.
De otro lado, las pirámides que siguen en funcionamiento deben ser investigadas a fondo por los órganos de control y las autoridades del Estado. ¿De dónde sacan sus recursos? ¿En qué invierten el dinero de los inversionistas? ¿Quiénes son los dueños? ¿Tienen nexos con el crimen organizado o están involucrados en actos ilegales? La Superintendencia Financiera (que tendrá un nuevo director, luego de que el antiguo haya renunciado debido al escándalo) tendrá que usar todo su poder regulador ayudada por la Policía Nacional. Las que tengan nexos con el crimen, claro está, tendrán que ser cerradas y sus dueños puestos en prisión. El dinero que se pueda devolver, deberá ser devuelto a los inversores, esperando que no haya policías corruptos que se hagan con ellos, como ya ha sucedido en Nariño.
Cabe añadir que, como siempre, el mercado terminará corrigiéndose a sí mismo. Con el escándalo de las pirámides, y la evidencia de que sólo son organizaciones de dudosa reputación que se esfuman en el aire con el dinero de miles de ciudadanos de buena fe, cada vez habrá menos personas que estén dispuestas a invertir su dinero en aventuras tan riesgosas. Poco a poco, las pirámides serán cada vez menos, aunque es difícil decir si desaparecerán completamente. Mientras tanto, algunas, como DMG, tendrán que rendirle cuentas al Estado y defender su propia causa.
(Foto tomada de Portafolio.com)